jueves, 23 de julio de 2015

Tecnologías innovadoras en la lucha contra el Cambio Climático: (IV) El biocombustible como coproducto de la cerveza.


En un artículo anterior en este blog hablamos del “aprovechamiento de subproductos del whisky para producir biocombustible”. Esta tecnología fue también citada en nuestro artículo “Innovative Chemistry is required to fight Climate Change” publicado en la revista INDUSTRIA QUÍMICA (p.84), edición especial en inglés para la Feria ACHEMA 2015 de Frankfurt.

Esta vez la protagonista de la producción de biocombustible es la cerveza, la bebida alcohólica que más se bebe en todo el mundo. En realidad hay que decir “cervezas” porque hay multitud de tipos de cerveza y modos de producción, desde cervezas de grandes cerveceras hasta las artesanales hechas por aficionados, de alta y de baja fermentación, etc. Sería una labor titánica hallar exactamente el volumen de la producción mundial, pero se estima que es por lo menos unos dos mil millones de hectolitros al año. Se fabrica por fermentación en agua de distintos cereales y en distintas condiciones operativas según el tipo de cerveza y usando levadura y muchas veces aromatizada con lúpulo. La cerveza empezó a fabricarse alrededor de 3500 años aC.

Y ahora se aprovechan también los restos de la fermentación para hacer un biocombustible a escala comercial, el bioetanol, en lenguaje químico etanol o alcohol etílico, que se mezcla en la gasolina súper sin plomo. Aunque los mayores productores de cerveza del mundo son los chinos y la mayor cervecera del mundo es Anheuser-Busch InBev con sede en Lovaina, es una cervecera neozelandesa que lo fabrica, DB Breweries Ltd en la región de Auckland. Llama a su biocombustible DB Export Brewtroleum, con alusión al petróleo.



El proceso (simplificado): La cervecera DB destila los residuos de la fabricación de cerveza (los restos de los granos y de la levadura) produciendo etanol bruto que después es refinado con el asesoramiento y know how de la empresa petrolera GULL, con sede principal en Perth en Australia Occidental, con el fin de obtener la pureza necesaria para poder ser mezclado en la gasolina súper de 98 octano en una proporción del 10%. Se vende con el nombre comercial Gull Force 10. El octanaje del etanol puro es de 113, o sea que mejora el octanaje de los hidrocarburos de la gasolina.

 
Unos 300.000 litros de esta gasolina se distribuyen en 60 estaciones de servicio de Gull en todo el territorio de Nueva Zelanda.  Para obtener los 30.000 litros de bioetanol que contiene la gasolina se han producido 8 millones de botellas de cerveza.

Según Gull esta gasolina emite un 8% menos de CO2 que las gasolinas sin este biocombustible y está endosada como combustible amable con el medioambiente por la EECA, la agencia gubernamental de Nueva Zelanda que promueve la eficiencia energética. Por ejemplo, un coche de gasolina que emite 100 gramos de CO2 por kilómetro, emitiría 8 gramos menos. Parece poco. Pero un millón de coches que usan gasolina con bioetanol y que hacen 20.000 Km al año emitirían en total unas 160.000 toneladas de CO2 menos al año. Aunque las cifras no puedan ser precisas, da una idea de la magnitud.

En la página web de DB Export Brewtroleum dicen: “Quizás la cerveza puede salvar el planeta: Solo que la raza humana deberá beber mucho. No antes de conducir, naturalmente.” (Nota: y después de conducir con moderación). ¿Seguirán otras cerveceras en el mundo el ejemplo de DB? ¿Podremos quemar algún día en nuestros coches bioetanol de cerveza de abadía?
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