lunes, 9 de marzo de 2015

El progreso real


“Ocurre con frecuencia que grandes movimientos de interés captan durante cierto tiempo una fracción muy importante de la atención de los investigadores a favor de ciertas disciplinas privilegiadas del pensamiento. Paralelamente la actividad económica toma a menudo ella misma formas preferenciales en sus caminos de desarrollo.  Son periodos brillantes donde florecen publicaciones sensacionales y realizaciones atrevidas.

Uno apercibe sin embargo pronto que la solidez de los edificios así construidos dejan algo que desear. Una puesta en orden se impone, que requiere una mejor harmonía entre los esfuerzos desarrollados en los diversos dominios del pensamiento. Exige también un mejor equilibrio entre los estudios de caracteres tan diversos, que deben o bien presidir el emprendimiento de una iniciativa industrial nueva, o bien acompañar a la puesta a punta de un procedimiento. Entonces entramos en los periodos aparentemente más calmas donde se establecen sin embargo los soportes seguros del conocimiento y nacen las realizaciones industriales realmente útiles para los hombres.

Conviene pues que de tiempo en tiempo ciertas disciplinas se expongan de nuevo, volviéndolas más atractivas en su enseñanza, más accesibles y más fecundas en su ejercicio, que los resultados que se pueden derivar de las mismas se establezcan y se publiquen, para que los hombres, quienes – sin descuidarlos – sin duda no han recibido de ellos todo el beneficio posible, reciban mañana todas las contribuciones a un esfuerzo más sistemático y más equilibrado, y así más acertado, hacia el progreso real.

Lo que entendemos aquí por <>  es en primer lugar una evolución de la condición humana que satisface de manera más intensa y más difundida las aspiraciones culturales del hombre, y entre ellas en primer plano la alegría de conocer y la de descubrir. Además exigiremos que esta alegría no sea confundida de manera exagerada con las satisfacciones algo pueriles, y a menudo peligrosas para el hombre, que a veces encuentra al contemplarse en los sistemas artificiales que él mismo crea; Que se entienda bien que reservamos este término esencialmente para el deslumbramiento legitimo del pensamiento apto para descubrir una nueva fracción del tesoro inagotable que constituye el mundo de los fenómenos naturales.

El progreso real es para nosotros también una evolución que asegura un mejor reparto en la sociedad de los bienes que todavía le faltan. Con esto entendemos una difusión nueva de estos bienes que le permiten llegar en todas partes a las capas más profundas de la población y que los pone además de una manera más generosa a la disposición de los pueblos más desheredados, invirtiendo la tendencia que hoy demasiadas veces parece ser la de aumentar el beneficio de una fracción cada vez más escasa de la humanidad. El innovador no debe medir su participación en ello y su mérito a la aptitud o a la enormidad de los esfuerzos dedicados para conseguir un rendimiento mecánico u económico excepcional, pero a sus aportaciones concretas al servicio social tal y como acabamos de analizar.”

Lo anterior son los primeros párrafos de un prólogo de 20 páginas al libro Cinética Química Aplicada (*),  escrito por René Navarre, Presidente-Director General del Instituto Francés del Petróleo (IFP), hace 57 años. El IFP se llama hoy IFP Energies Nouvelles.

¿Han cambiado mucho las cosas desde 1958? ¿Existe hoy el “progreso real”?

 

(*) Cinétique Chimique Appliquée, Profesor J.C. Jungers y colaboradores, Société des Editions Technip, 1958
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