viernes, 7 de septiembre de 2012

Persisten las grandes diferencias de competitividad en el mundo y dentro de Europa


Los EEUU siguen siendo la primera potencia mundial en competitividad. China es el país más competitivo en los mercados emergentes. Y en Europa la brecha entre los países ha aumentado, situándose España entre los últimos con Italia, Portugal y Grecia.

Estas son las conclusiones básicas del último Informe de Competitividad Global 2012-2013 del Foro Económico Mundial.

A pesar de la crisis, varios países europeos continúan ocupando un lugar destacado entre las economía más competitivas del mundo. Seis de ellos están en los diez primeros, y diez en los 20 mejores: Suiza (1º), Finlandia (3º), Suecia (4º), Países Bajos (5º), Alemania (6º), el Reino Unido (8º), Dinamarca (12º), Noruega (15º), Austria (16º), y Bélgica (17º). Entre los diez primeros del mundo están también Singapur (2º), EEUU (6º), Hong Kong (9º), y Japón (10º). Según dice el informe, Europa es también la región con disparidades significativas en competitividad, con varios países de la región con posiciones claramente más bajas en los rankings. En particular se cita a España (36º), Italia (42º), Portugal (49º), y Grecia (96º).

Sobre estos países del Sur de Europa el informe dice que, junto con Irlanda se han encontrado en el ojo del huracán desde el principio de la peor crisis financiera y económica de Europa ha experimentado desde la Gran Depresión. Un gasto público excesivo en el caso de Grecia, bancos en quiebra en Irlanda, y más recientemente el caso de España después de que explotó una burbuja del sector inmobiliario que duró una década, y la incapacidad general de Italia y Portugal para crecer y para competir en un entorno globalizado, han llevado a estas economías al borde de la quiebra soberana por primera vez desde el fin de la II Guerra Mundial. Como resultado, estas economías – excepto Italia – han sido forzadas a pedir rescates internacionales totales o parciales, debido a su incapacidad de obtener una financiación asequible en los mercados financieros internacionales.

Sobre España en particular, el informe dice que a pesar de su situación macroeconómica delicada y de las dificultades bien conocidas de su sistema bancario que restringe el acceso de las empresas locales a la financiación, España se mantiene en la 36ª posición. El país sigue beneficiándose de una infraestructura de transporte de clase mundial (10º clasificado) y un buen uso de las TIC (24º). También tiene una de las más altas tasas de matriculación en la educación terciaria (18º), que provee una gran reserva de mano de obra calificada que, si se moviliza correctamente, podría ayudar al país en la muy necesaria transición económica a actividades de mayor valor añadido. A pesar de estas fortalezas, la ventaja competitiva de España está obstaculizada por sus desequilibrios macroeconómicos. Sus dificultades en frenar el déficit público (135º), que siguen sumándose a la ya alta deuda pública (112º), a las que se añade las serias dificultades de un segmento del sistema bancario (109º), han resultado en una falta de confianza en los mercados financieros y en la capacidad del país para acceder a una financiación asequible por parte de los mercados internacionales. La extensión del bono contra economías más fuertes ha continuado creciendo sin descanso, obstaculizando la capacidad del país, de su sistema bancario, y finalmente su sector empresarial para acceder a fuentes de financiación asequibles (122º). Adicionalmente, los mercados laborales de España, aunque mejoran ligeramente, se mantienen demasiado rígidos (123º). Las reformas estructurales adoptadas recientemente, tanto en el sistema bancario como en el Mercado laboral, deben ayudar a abordar estas debilidades una vez que están implementadas. Sin embargo, los recortes recientes en investigación pública e innovación, acopladas a las crecientes dificultades del sector privado para obtener fondos para las actividades de investigación y desarrollo, podrían retener la capacidad de las firmas locales para innovar (44º), lo cual será crucial para facilitar la transformación económica del país.

Resumiendo, de los índices de competitividad el informe detecta como los factores más problemáticos para hacer negocios en España: el acceso a la financiación; regulaciones laborales restrictivas; una burocracia ineficiente del gobierno; una capacidad insuficiente para innovar; las tasas y regulaciones de impuestos; la corrupción; una fuerza laboral formada inadecuadamente; una pobre ética laboral de la fuerza laboral; una inestabilidad política; la inflación; un suministro inadecuado de infra estructura; una pobre salud pública; el crimen y el robo; las regulaciones de divisas extranjeras; y la inestabilidad gubernamental.

 “Las diferencias persistentes en competitividad entre regiones y dentro de las mismas, en particular en Europa, están en el origen de la turbulencia que estamos sufriendo hoy, y esto está poniendo en peligro nuestra prosperidad futuro”, dijo Klaus Schwab, Fundador y Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial. “Urgimos a los gobiernos a actuar decisivamente tomando medidas de largo plazo para activar la competitividad y resituar al mundo en un camino de crecimiento sostenible.”

Por su parte, Xavier Sala-i-Martin, Profesor de Economía de la Universidad de Columbia, EEUU, y coeditor del Informe, dijo: “El Índice de Competitividad Global provee una ventana de las tendencias a largo plazo que están dando forma a la competitividad de las economías del mundo. Desde este punto de vista, creemos que ofrece una percepción útil de las áreas clave en las que los países deben tomar acción si quieren optimizar la productividad que va a determinar su futuro económico.”

Esto es lo que evidentemente hay conseguir: optimizar la productividad. Esto no se consigue con acciones individuales. Necesita también voluntad de cooperación, de creación de alianzas, sobre todo en un país como España con un muy alto porcentaje de Pymes.
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