domingo, 12 de febrero de 2012

Innovar no es nada nuevo, siempre hubo que hacerlo

Hace 32 años participé con una conferencia en una mesa redonda “Desarrollo de la Investigación en el País Vasco”, que formaba parte del simposio internacional de "Petroquímica - Cinética y Catálisis Industrial”, en el campus de la Universidad del País Vasco en San Sebastián, del 6 al 8 de febrero 1980 en el marco de “Jornadas Científicas del País Vasco”. Mi charla trataba sobre “La Investigación y Desarrollo en la Industria Química”.
¿Por qué hablar ahora de una conferencia de hace 32 años? Porque en los años 80 hubo también una crisis industrial, y mucho del contenido de la conferencia podría escribirse hoy, en esta nueva crisis, aún peor que la de hace treinta años.  Cito algunos extractos.
“La falta de una investigación y desarrollo industrial de un país crea un déficit económico en su balance tecnológico, es causa de una falta de influencia y prestigio tecnológico internacional y conduce a una gran dependencia tecnológica del exterior”.
“En los últimos años (nota: la década de los 1970) ha aparecido una tendencia a disminuir la investigación a nivel mundial, tanto desde el punto de vista de esfuerzos estatales como privados. Esto suele ocurrir cuando no hay un clima de inversión y cuando existe un temor a tomar riesgos”. Se observó un descenso en número de patentes químicas, después de haber tenido un crecimiento. Dije entonces “Se notan aquí también los efectos de la crisis económica. Sin embargo, países muy industrializados en cuya economía el mantenimiento tecnológico es de suma importancia, como son Japón y Alemania Federal, han seguido realizando un gran esfuerzo, que se refleja en el ranking de patentes, mientras que los EEUU, por ejemplo, han retrocedido en mayor medida. España que se considera como país industrializado no figura entre la 11 primeros clasificados.” Entre los 11 primeros mundiales en patentes químicas de 1978 estaban, aparte de los tres ya señalados, la Unión Soviética, Francia, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Canadá, África del Sur, y Austria.  Ya en la década de los 1970 algunos de estos países gastaban ya entre el 2 y el 2,3 % del PIB en I+D: los EEUU, Alemania, Reino Unido y Holanda. España gastó tan solo del orden del 0,3%, un nivel bajísimo. Hay que reconocer que desde entonces España ha mejorado mucho, pero sin alcanzar pero quedando a distancia del promedio europeo.
Programa de las Jornadas

Sobre el papel de la administración en la investigación tecnológico dije: “La influencia del gobierno de un país sobre su desarrollo tecnológico industrial es indiscutible. Su actitud puede crear un clima propicio o adverso a la investigación en la industria a través de su política económica en general, su política fiscal, sus regulaciones y normativas, (por ejemplo, en materia de seguridad, medio ambiente, etc.), por su política en materia de patentes, de comercio exterior y su política de apoyo directo a la investigación, sobre todo al desarrollo tecnológico de la que la sociedad del país está necesitada. Esto no quiere decir ni mucho menos, que las autoridades deben sustituir a la empresa, pero lo que sí se requiere es una colaboración e interacción entre los organismos oficiales y la industria.”
Y sobre la actitud de la empresa ante la investigación: “En la industria privada el objetivo principal es la rentabilidad. Para conseguirla, se pueden tomar decisiones que impliquen más o menos riesgos. En un periodo de crisis e inestabilidad, la tendencia a tomar riesgos es menor. La clase de investigación, que se pretende conduzca a una innovación, es decir, a tecnología nueva de productos o técnicas, tiene un alto porcentaje de riesgo.”
“Si el objetivo consiste en desarrollar tecnología nueva, es imprescindible asumir riesgos de posibles fracasos, igual que lo que suele ocurrir, por ejemplo, en la exploración de nuevos pozos petrolíferos. Si la empresa no está dispuesta a asumir estos riesgos, debe limitarse a las mejoras de productos o procesos existentes, lo cual consiste exclusivamente en una actividad de desarrollo. Se estima que solo un 0 y un 2 por ciento de las ideas iniciales conducen a una aplicación industrial de tecnología nueva. Por lo tanto, la decisión de constituir un departamento de investigación y desarrollo debe surgir de una voluntad real y un entusiasmo investigador e innovador del empresario. El riesgo será menor cuando la investigación se mueve en un campo que es conocido por la empresa y si además puede dar respuesta a una necesidad de la misma. Este campo puede ser tanto el de la producción como el de una organización comercial. Es importante para la empresa evaluar cual es el campo en el que el riesgo es menor.”
Reportaje de la mesa redonda en el periódico DEIA del 17 febrero 1980

Sigo citando: “El desarrollo de una nueva tecnología es una actividad muy costosa, si se la tome en serio. Por lo tanto, la empresa debe ser capaz y tener la voluntad de invertir cantidades importantes de dinero. Es evidente que el tamaño del grupo de investigación será función del tamaño de la empresa pero existe la posibilidad de una asociación de empresas de un mismo sector o cuyas actividades son complementarias. La investigación no es una actividad exclusiva de grandes empresas, y no son necesariamente éstas las más innovadoras.” Y di el ejemplo de los EEUU donde las grandes empresas gastaban el 90 % del total de la industria en I+D, pero solo producían el 30 % de las innovaciones. “Las grandes empresas gastan mucho dinero en proyectos de desarrollo.” “La empresa debe considerar la I+D como una actividad integrada en las demás: la comercial, la productiva, la financiera, etc., o debe estar por lo menos íntimamente relacionada con las mismas. No debe ser una actividad aislada.” Y dado que la investigación no da un retorno a la inversión rápido “la empresa no puede esperar obtener de la investigación una rentabilidad a corto plazo. Debe considerarla como una inversión para el futuro. Aunque la investigación dirigida hacía la innovación no puede estar sujeta a una planificación muy rigurosa, sí es conveniente que haya un programa, un presupuesto, un control de costos, y una auditoría.”
¿Se han dado cuenta? Las palabras “innovación” y “riesgo” no son de ahora. También se usaban hace treinta años. La historia se repite.
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