martes, 4 de enero de 2011

“Ser investigador en España sigue siendo una proeza”

Lo dice nada menos que Margarita Salas en una entrevista con Rodrigo Ponce de León, publicada en El Correo tres días antes de la fiesta de los Reyes Magos. Lo dice Margarita Salas, discípula del Nobel Severo Ochoa y toda una figura en el mundo de la ciencia en España y en el mundo.


¿Y por qué “Ser investigador en España sigue siendo una proeza”? La explicación de Margarita Salas: “Los investigadores jóvenes están desilusionados porque no ven futuro en su carrera. Hay pocos puestos de trabajo en investigación, tanto en el CSIC como en la Universidad. Está todo colapsado. No se trata de que todo el mundo sea funcionario, sino de tener cierta seguridad de que nadie se va a quedar en la calle si trabaja bien”, y sigue “Esta situación hace que los mejores estudiantes no se quieren dedicar a la investigación”…

¿Y si fuera de la investigación tampoco hay trabajo para estos mejores estudiantes de ciencias? Tenemos más de 4 millones de gentes, uno de cada cinco, que no trabaja porque no hay trabajo suficiente en España. “Me cuesta trabajo comprender que haya una generación que ni trabaje ni estudie porque no quiera, me resulta muy extraño que una persona no haga nada. No lo entiendo”, dice Margarita Salas.

Sin embargo, podría haber más trabajo en la investigación y más jóvenes animados a investigar, si se cumplen algunas condiciones.

La primera, más inmediata, según Margarita Salas: “Hace falta que se apruebe la Ley de la Ciencia antes de que acabe la legislatura. Con esta nueva normativa se define la carrera investigadora, de manera que los jóvenes puedan tener una idea de los pasos a dar cuando acaben el doctorado. Ahora todo está en el aire: al cabo de los cinco años, cuando terminan los contratos de investigación Ramón y Cajal, la gente se encuentra con que no sabe cuál es su futuro”

Cuando acaben el doctorado… Es normal que un doctor en ciencias quisiera seguir investigando. En la universidad, en centros del CSIC, etc. En la investigación básica pero también en la aplicada. Y allí hay otro problema de gran calado. La investigación cuesta mucho dinero y no es un trabajo cuyos resultados son previsibles o cuantificables, y que no puedan meterse en un plan estratégico de rentabilidades de 5 años de una empresa privada. Es una inversión de medio-largo plazo, aunque muchos los consideran como gastos de cada año financiero, y a veces hasta un lastre. En España el presupuesto de investigación es muy bajo, el 1,37% del PIB, cuando la media europea de los 27 supera el 1,80%, recuerda Margarita Salas. Y eso que el promedio europeo es bajo y que fue una de las razones por las que se estableció la Estrategia de Lisboa hace ya 10 años. Y que no se cumplió. Ni por Europa ni por España. Y no es suficiente alcanzar el promedio del 1,80 de ahora, porque el promedio futuro debe ser más alto. Y si España mejora al 1,80 por ciento de ahora y los otros países siguen gastando lo mismo, quedaría por debajo del nuevo promedio, ya que por simple aritmética España lo habría aumentado. Y hay que tener en cuenta que otros también desean mejorar.

Difícilmente España podrá mejorar mucho este promedio si las empresas no gastan más en investigación. Con la crisis ha ocurrido lo contrario. En el artículo se dan números: “El gasto español en investigación y desarrollo (I+D) disminuyó un 0,8% en 2009 respecto al anterior, situándose en 14.582 millones de euros. El incremento de un 5,8% del sector público compensó la caída de la partida empresarial de un 6,3%.” Lo de siempre: cuando las cosas van peor, lo primero que recortan las empresas es la investigación. Dicen en el artículo: “Margarita Salas es pesimista sobre la futura participación del sector privado en la investigación científica. «Con la crisis va a ser difícil que las empresas hagan un esfuerzo»” Otra vez la solución con la vista en el corto plazo, que retrasa o no permite la solución a largo. Uno de los puntos más débiles de España es la investigación privada, más que la pública.

¿Y por qué no mirar el problema desde otro ángulo? La pregunta clave es ¿Cómo transformar nuestro tejido y estructura empresarial, compuesta por una abrumadora mayoría de pymes y con muy pocas empresas de talla, para que haya más potencial privado para la investigación y la innovación tecnológica? Si las pymes consiguieran unir sus fuerzas, las posibilidades de hacer investigación serían mayores. Y no solo la investigación, porque la investigación productiva genera nuevos procesos y productos que a su vez generan puestos de alta cualificación, que podrían ser ocupados por doctores que provienen de la investigación privada. Es que la investigación privada, por ser aplicada puede ser un trampolín para muchos hacía otros empleos de contenido tecnológico. El nivel tecnológico de las empresas es fundamental para un empleo de calidad, tanto si se trata de tecnología propia o de tecnología importada, porque para usar la última hay que ser capaz de asimilarla. Para seleccionar, adquirir, asimilar y aplicar la tecnología hay que tener una base sólida de conocimiento y de formación, y es indispensable seguir formándose. Esto puede ser la tarea de un doctor en ciencias. De esto puedo hablar por experiencia.

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