domingo, 9 de enero de 2011

La Persona del Año 2010 de TIME es un joven de 26 años que se llama Mark Zuckerberg, el padre de Facebook

Aunque no ha sido el más joven. La Persona del Año más joven ha sido Charles Lindbergh, que a sus 25 años fue el primer piloto en cruzar el Atlántico con su avión, el Spirit of Saint Louis, el 20 de mayo de 1927. La Reina Isabel de Gran Bretaña tuvo la misma edad que Mark Zuckerberg cuando fue elegida Persona del Año en 1952. La diferencia entre ella y Zuckerberg es, según Richard Stengel, Director de Redacción de TIME, que Elisabeth heredó un imperio y Zuckerberg creó uno: Facebook., un imperio digital, que ni Julio Verne se había podido imaginar. Otra prueba de que la realidad, aunque sea virtual, supera a la ficción.


TIME dedica nada menos que 23 páginas, fotos incluidas, de su número especial del cambio de año 2010 a 2011 a Facebook y a su creador (24 si incluimos la portada de la revista). “Si Facebook fuera un país, sería el tercero más grande del mundo después de China e India”, escribe Lev Grossman, novelista y crítico de literatura de TIME. Y seguramente sería el país más plurilingüe, porque en él se hablan 27 idiomas, y parece que ya tiene versiones en 70. A finales del año 2010 el “Libro de las Caras”, como se podría llamar a Facebook, recibió su “cara” 550 millones. También sería el país con el crecimiento demográfico mayor, ya que actualmente crece a un ritmo de 700.000 “habitantes” al día!!

Explicar el fenómeno Facebook no es posible sin explicar el fenómeno Zuckerberg, un apellido alemán (muchos norteamericanos tienen apellidos que no son anglosajones), que significa “montaña de azúcar”. Hay que conocer a Zuckerberg, para entender porqué nació Facebook. Facebook genera muchísimo dinero y Zuckerberg es ahora uno de los hombres más ricos del planeta y probablemente el rico más joven. Pero Zuckerberg no creó a Facebook para ganar mucho dinero.

Lev Grossman nos lo cuenta con mucha clase de detalles en TIME, y se puede leer aquí

Yo haré solo un pequeño resumen, con el permiso de TIME y para los lectores que tienen poco tiempo o ahorrarles la consulta de un diccionario inglés-español.


Era el 24 de febrero de 2004 cuando Zuckerberg, estudiante de 19 años, de segundo curso en Harvard, creó en la residencia universitaria una página web Thefacebook.com, un directorio online para interconectar a la gente en una red social en la universidad. A finales de 2004, Facebook estaba en cientos de campus universitarios de los EEUU. Y pasó a otras instituciones de educación superior, también fuera de USA, y a las empresas, y luego a todos los mayores de 13 años que querían entrar. Lo que le motivó a Zuckerberg era su afición a la amistad. Dice Lev Grossman de Zuckerberg que no es una persona alienada y aislada: “Es lo contrario. Ha pasado toda su vida en entornos sociales cercanos, de soporte e intensos: empezando en su familia y después en la residencia de Harvard y ahora en Facebook, una empresa en Palo Alto, en la Silicon Valley de California, donde sus mejores amigos son su personal, donde no hay despachos y donde el trabajo impresiona. A Zuckerberg le gusta estar con la gente. No ha construido Facebook para tener una vida social como el resto de nosotros. Lo ha construido para que el resto podamos tenerla.” Zuckerberg cae bien.

Lo de Facebook suena bonito, pero como en la sociedad real, la sociedad virtual tiene los mismos vicios y defectos. Uno puede dar una imagen de sí mismo que no es la suya. Facebook, el “libro de las caras” puede también ser el libro de “los caras”. Nadie controla lo que dices y todo el mundo puede leer lo que escribes, excepto lo que escribes a tus amigos en tu círculo reservado de Facebook. Allí está una de las cuestiones importantes: ¿Qué amigos aceptar en “tu” Facebook? En Facebook hay que comportarse como en la vida real, en la que tampoco te expones o te desnudas ante cualquiera.

Para estar “in” en internet, parece que hoy hay que estar en Facebook. Están personas, asociaciones, empresas… Es estar “a la moda”, es no ser un internauta atrasado. Yo también estoy en Facebook. Estoy, pero no vivo en Facebook. A lo sumo me sirve para proclamar qué páginas web o qué posts de un blog me parecen interesantes, y podrían interesar a otros, pero poco más. No quiero que se me llene mi Facebook con cosas que no me interesan. A veces tengo que borrar futilidades que alguien me ha metido en mi Facebook. No quiero que Facebook me haga perder el tiempo que puedo dedicar a otras cosas, cosas más útiles. No necesito a Facebook para comunicarme con mis amigos, lo hago por correo, por teléfono o cara a cara. Y si hiciera nuevos amigos en internet, no sería por Facebook. Sería porque he visto alguien o algo en internet que me inspira confianza y me da garantías después de un examen crítico.

En Facebook, “libro de las caras”, la idea es que pongas tu foto, y muchos ponen su foto, real o irreal, o no ponen ninguna o ponen una foto de su mascota, de una flor, o de lo que sea. No se está seguro de que la foto es realmente la del autor, salvo si le conoces. Yo he puesto un autorretrato mío. Es auténtico… del tamaño de una pulga en una plaza mayor.

Me bastan mis blogs y mi email para comunicar online, y “el resto son detalles”, como diría Einstein. Quizás Facebook me sirva para que conozca más gente mis blogs. Facebook es también un muro donde se pegan carteles publicitarios. Y es gratis.

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