lunes, 8 de noviembre de 2010

Un nuevo estudio concluye que los países de la Unión Europea no están en el buen camino del uso de los biocombustibles

(Traducción adaptada de un comunicado de prensa del Instituto para la Política Medioambiental Europea, IPME - IEEP del 8.11.2010)

El informe, que lleva como título Anticipated Indirect Land Use Change Associated with Expanded Use of Biofuels and Bioliquids in the EU – An Analysis of the National Renewable Energy Action Plans’(‘El Cambio del Uso Indirecto del Suelo, Asociado a un Uso Expandido de Biocombustibles y Biolíquidos en la UE – Un Análisis de los Planes de Acción Nacionales de Energía Renovable), da los resultados de un primer estudio del impacto que sobre el Cambio de Uso Indirecto del Suelo (CUIS - ILUC ) tiene el aumento del uso de biocombustibles hasta 2020 en la UE, y concluye que la política europea no protege adecuadamente el medio ambiente contra las consecuencias negativas. En base a los nuevos planes nacionales emitidos, el CUIS dará lugar a una conversión sustancial de suelo y consecuentemente a emisiones adicionales de gases con efecto invernadero por encima de las que resultarían de un uso continuado de combustibles fósiles. El estudio ha sido realizado por el Instituto para la Política Medioambiental Europea (IPME - IEEP), un instituto independiente respetado, sin ánimo de lucro, que se dedica a proponer una Europa sostenible desde el punto de visto medioambiental, mediante el análisis, desarrollo y diseminación de políticas.

David Baldock, Director Ejecutivo del IPME comentó que: “Promoviendo el uso de biocombustibles sin considerar el cambio de uso indirecto del suelo tiene en realidad el potencial de aumentar las emisiones de gases con efecto invernadero de la UE. Es vital que esta situación se rectifique y que la legislación tenga en cuenta los impactos del CUIS. Es esencial recordar que la Directiva de energía renovable, que está guiando el uso de biocombustibles, ha sido adoptada para combatir el cambio climático.” Según la legislación de la UE, todos los estados miembros están obligados a obtener el 10% de sus combustibles de transporte de fuentes renovables en el 2020. Es solo ahora que se están dando a conocer los planes de los gobiernos nacionales de cómo conseguirán este objetivo. Estos planes confirman que los biocombustibles convencionales (derivados de cereales tales como el trigo, la colza y la caña de azúcar) serán la tecnología principal utilizada en su suministro.

El informe concluye que entre 4,1 y 6,9 millones de hectáreas de suelo adicional deberá ser destinado al cultivo de cereales debido al aumento de la demanda de biocombustible convencional, expuesta en los planes nacionales. Esto equivale a una superficie comparable al intermedio entre el tamaño de Bélgica y de la República de Irlanda. El informe estima que esto conducirá a unas emisiones adicionales de dióxido de carbono de entre 27 y 56 millones de toneladas entre 2011 y 2020, asociadas a la conversión de suelo. Esto sería el equivalente a tener 12 a 26 millones de coches adicionales circulando en carreteras europeas en 2020.

Según la Directiva de Energía Renovable, que especifica el objetivo del 10%, los biocombustibles son requeridos para aportar algunas reducciones limitadas de gases con efecto invernadero en comparación con los combustibles fósiles. Sin embargo, esto solo tiene en cuenta las emisiones directas asociadas a su producción, desde el cereal original hasta el combustible final. Lo que falta en este cálculo son otras consecuencias significantes, tales como CUIS. Eso ocurre cuando los cereales, desplazados por materias primas para biocombustibles son cultivados en otra parte, con la consecuencia que suelo nuevo debe ser convertido en tierra cultivable para esta producción.

Se esperaba que el objetivo del 10% fuera usado por los países de la UE como una oportunidad para adoptar soluciones innovadoras tales como biocombustibles avanzados, vehículos eléctricos, y que impulsaría las inversiones en ahorro energético. Sin embargo el informe muestra que los biocombustibles convencionales serán dominantes hasta 2020, contabilizando hasta el 8,8% del combustible de transporte, o 24,3 millones de toneladas de equivalente de petróleo. 15 Millones de este consumo total constituirían la demanda adicional impulsada por el objetivo del 10%. Este es el impacto que este uso adicional ha sido evaluado en este informe.

Catherine Bowyer, autora principal del informe dijo: “La fuerte dependencia de los Estados Miembros de los biocombustibles convencionales en el 2020 y el uso limitado de soluciones de transporte más avanzadas o más eficientes en energía son de una preocupación importante; acciones de los países Miembros para promoverlas situarían a Europa en una ruta más sostenible.”

No queda más remedio que intensificar las rutas de investigación y desarrollo de los biocombustibles de segunda generación (a partir de microalgas, biomasa, etc.), a pesar de la crisis…

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