jueves, 25 de noviembre de 2010

¿Por qué se insiste tanto hoy en la innovación cuando siempre se ha tenido que innovar?

¿Es por la "crisis"? ¿Una crisis que algunos dicen que nos ha caída desde fuera? ¿No será porque nos hemos instalado demasiado en la comodidad, en la rutina, en el resultado inmediato y el dinero fácil? ¿No será que nos hemos estado engañando a nosotros mismos? ¿Que hemos vivido fuera de la realidad? Si la economía de España estaba tan basada en la construcción (España era el primer país europeo en volumen de negocio de la construcción en 2006) y del turismo (en 2007 el segundo país del mundo), por qué no se han desarrollado más tecnologías propias para estos sectores. Algo de lo mismo pasa con otros sectores como el químico. España es un productor importante de productos químicos y petroquímicos a nivel europeo, pero la mayoría de las grandes empresas pertenecen a multinacionales extranjeras que tienen sus centros de investigación en sus países de origen, y poco parece que se ha hecho para que investiguen aquí. Hay que admitir sin embargo que hay sectores en los que España “va bien”, como en la energía eólica. Sin embargo estamos lejos en cuanto a paneles solares, pese a que España es un país con muchas horas de sol.

En el pasado se han visto crisis y se han producido “revoluciones” sociales, industriales, técnicas y tecnológicas. Cada Premio Nobel ha aportado algo a estas revoluciones. Y científicos que ganaron otros premios también, y muchos otros científicos buenos que no ganaron ningún premio, también. Los Premios Nobel se han dado siempre a gente innovadora, que han descubierto y desarrollado algo que ha supuesto un cambio importante para la sociedad o para la humanidad. Desde la instauración en 1901 del Premio Nobel hasta este año 2010 ha habido 160 laureados en química, 169 en física y 196 en fisiología y medicina. Ha habido 62 laureados en economía desde que se inicio en 1969. ¿Cuántos premios Nobel ha tenido España, sin contar los literarios? Pues dos: Santiago Ramón y Cajal (medicina) y de Severo Ochoa (fisiología y medicina). ¿Y los físicos, los químicos, los matemáticos, los economistas? Ha habido y sigue habiendo muchos excelentes científicos en España, pero muchos han tenido que adquirir fama fuera antes de ser reconocidos aquí. Y algunos pocos han vuelto.

Es que un país tiene que cultivar y mimar la ciencia, y la ciencia debe formar parte de la cultura. Y no es solo cuestión de escribir más artículos ni de sacar más patentes. Más vale una sola patente que se convierte en una aplicación útil, que cien que se quedan en el papel. Pero para llegar hasta la excelencia es también menester darle la importancia a la investigación básica y no volcarse ahora totalmente en la aplicada. Ambas son necesarias. “El conocimiento (que crece a través de tres factores: la investigación básica, la investigación aplicada y la innovación) es la principal materia prima del nuevo sistema globalizado”, ha dicho el físico Pedro Miguel Etxenike, entendiendo que, como dijo Luis Pasteur, en realidad “no hay cosas como las ciencias aplicadas, solo hay aplicaciones de la ciencia”. Si se quiere avanzar en el conocimiento y sus aplicaciones, reducir los gastos en I+D es lo contrario que se debe hacer en época de crisis. Y menos aún en España que no alcanza todavía en el gasto medio europeo. (Según datos de Eurostat de 2007, el gasto de España en I+D en era el 1,27% sobre el PIB, cuando el promedio de la UE de los 27 era el 1,83%, y que en Alemania era el doble y en Suecia casi el triple del español. Y las empresas junto con instituciones privadas sin ánimo de lucro solo participaban conjuntamente con el 56% en este gasto. Todo esto a pesar de que en cifra de negocios de la industria era la quinta en Europa en 2007. Un dato engañoso.

Y ahora se organizan cursos de “innovación” para adultos. Yo antes nunca había oído de la existencia de cursos parecidos, porque la innovación se daba por supuesto. En las empresas punteras y en la profesión científica y tecnológica siempre ha sido necesario innovar durante toda la carrera profesional. En mi opinión innovar no se enseña. Se "educa" en la innovación. Educar es mucho más que enseñar. La enseñanza es tan solo una parte de la educación. La educación empieza desde niño. Desde niño hay que aprender a solucionar problemas y a responsabilizarse, empezando con pequeñas cosas. Para innovar hay que disponer de un conglomerado de valores, aptitudes, conocimientos, y también virtudes. Lo primero es la curiosidad, indispensable para aprender y para innovar. "Aplicada o fundamental, la investigación es una cuestión de curiosidad", dijo Yves Chauvin, Premio Nobel de Química. Y esto no es solo verdad en la investigación científica. Sin curiosidad no hay creatividad. “En los momentos de crisis sólo la creatividad es más importante que el conocimiento”, afirmó Albert Einstein.
Sin las citadas características personales no surgen las ideas, sobre todas las ideas buenas. “Para tener una buena idea tienes que tener antes unas cuantas ideas”, dijo otro Premio Nobel, Linus Pauling. Entonces, ¿Cómo va a sacar alguna idea buena el que no tiene curiosidad porque se ha instalado en la comodidad de la rutina?

Para educar en la curiosidad en la responsabilidad, la iniciativa, la perseverancia, etc., etc., ¿hay que esperar hasta terminar el colegio, la universidad o cuando ya se está trabajando? Un buen educador no es necesariamente un sabio Doctor en esta u otra disciplina. Un educador, aparte de enseñar, debe transmitir entusiasmo para la materia que enseña. Hasta los 16 años yo quería ser piloto de aviación, pero en el colegio tuve un profesor que daba ciencias de una forma tan atractiva, que cambié de opinión, y nunca me he arrepentido. Aunque no me importaría saber pilotar un avión.

También hay que reflexionar, y trabajar, trabajar mucho, aunque al principio ganas poco. Más aún si es un trabajo que te gusta. Si te gusta el trabajo, lo harás mejor, y si lo haces mejor, probablemente dará sus frutos. Y si tienes un trabajo rutinario poco interesante, reflexiona sobre lo que estás haciendo, piensa como hacerlo mejor para que sea menos aburrido o tedioso. Es un error pensar que un trabajo manual no necesita pensar. El que ha hecho bricolaje o “chapuzas” en su casa lo sabe muy bien.

Finalmente, importante es también trabajar en equipo. En un macro botellón hay mucha gente junta pero allí no hay equipo. Un equipo lo puede formar desde dos personas con muy diferentes conocimientos y disciplinas. Sobre el trabajo en equipo termino con una pequeña anécdota. Hace ya muchos años, en una planta piloto de refino de combustibles y disolventes petrolíferos del centro de investigación donde trabajaba, teníamos que resolver un problema de medición de un caudal. En el comercio no existían contadores volumétricos que servían para las condiciones y la escala de la planta. Hablando e intercambiando ideas con el taller mecánico del centro de investigación se desarrolló y confeccionó un medidor y funcionó perfectamente. Ni el investigador ni el mecánico lo podrían haber hecho el uno sin el otro. Trabajar en equipo también forma parte de la educación. Haciendo deporte en equipo (futbol, baloncesto, etc.) o participando en un movimiento juvenil (scouts, etc) o apuntándose como voluntario en una ONG, por ejemplo.

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