miércoles, 11 de julio de 2007

LA IGLESIA(*) Y LA CIENCIA

Experimentar con células madre de embriones, un tema espinoso…

(*) Con Iglesia en este artículo hablamos de la Iglesia institucional u oficial, o sea el Vaticano y la jerarquía eclesiástica. No la Iglesia como comunidad de los creyentes que siguen a Jesucristo, su fundador.

Iñaki Azkuna, Alcalde de Bilbao, médico, ex­-profesor universitario de medicina, ex-­director del Hospital de Cruces, y ex­-Director general del Servicio Vasco de Salud (Osakidetza), dijo alguna vez en la revista diocesana de Bilbao, “Comunicación-Alkarren Barri”: “La Iglesia debería hacer un esfuerzo por abrirse a la ciencia”

(Foto Diócesis de Bilbao: Iñaki Azkuna con el Obispo Auxiliar de Bilbao, Carmelo Echenagusía)




Me recordé de esto al leer en El Correo del 11 de Julio de 2007 una entrevista con Juan Antonio Martínez Camino, Portavoz de la Conferencia Episcopal Española quien expresó su rechazo al nuevo ministro de Sanidad de España, el científico Bernat Soria, médico y profesor de la Universidad Miguel Hernández de Elche, Valencia. Bernat Soria es pionero en el uso de células madre con fines terapéuticos en España.

Martínez Camino cuestiona las investigaciones de Bernat Soria con células madre de embriones, y le lanza graves acusaciones, que sus posturas, en cuanto al trasfondo moral, no coinciden con la ciencia respetuosa con la dignidad humana, que ha hecho promesas vacías e inmorales a los enfermos, que le falta conciencia científica, etc. Por el contrario, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, destacó al anunciar los cambios en el ministerio, que Bernat Soria ha volcado sus esfuerzos en una especialidad que es una fuente de esperanza para los retos de la salud y de la medicina y para el futuro de los seres humanos.

¿En qué estamos? Yo, católico, estoy perplejo y desorientado, porque no soy experto en células madre. Los líderes religiosos y políticos que opinan sobre estos temas y toman decisiones al respecto, deberían estar a la altura, saber de qué hablan, aclararse con los científicos y aclararnos mejor.

Es hora de que la Iglesia profundice y se mantenga al día de la ciencia para que no volvamos al siglo XVII, a la época en que la Iglesia condenó a Galileo Galilei. En 1992 la Iglesia Católica, en voz de Juan Pablo II, admitió formalmente que las opiniones de Galileo sobre el Sistema Solar son correctas y que su juicio había sido injusto. Galileo Galilei ha estado más de 300 años injustamente “en el infierno” por haber estado la Iglesia desconectada de la ciencia.

Como he dicho, no soy experto en el tema de las células madre de embriones, pero constato cosas. Por ejemplo he leído en el periódico belga de tendencia católica, De Standaard, que la Universidad Católica de Lovaina (KU Leuven - KUL) está temblando, porque tiene la espada de Damocles del Vaticano encima. Teme que Roma quiere “quitarle la K de KUL” (K de Katholieke, o Católica), en otras palabras, no reconocerla como universidad católica, porque profesores católicos de la universidad experimentan con células madre de embriones en el centro Stamcel Instituut Leuven (SCIL) que pertenece a la universidad. Notorio es que esto pasa en una universidad con fama mundial por sus enseñanzas de moral católica y de teología. Como inexperto deduzco que habrá experimentos y experimentos, y que no todos son iguales.

Urge un debate en serio de científicos católicos, y otros no católicos, sobre este tema y que sea conocido por los católicos y los no católicos, y que la Iglesia esté presente y que escuche. Es hora de que a los católicos y no católicos nos aclaren las posturas y argumentos de cada uno. Porque es un tema complejo donde teología, filosofía, ética y ciencia se mezclan y chocan. Porque hay mucho en juego para la humanidad.

Según he leído en la página web del SCIL, las células madre de embriones son la quintaesencia de las células madre. Se derivan de la masa interior del blastocito, y tienen un potencial ilimitado de autorenovación y de diferenciación pluripotencial. Pueden diferenciarse en la mayoría de los tipos de células, de forma más notable en células de músculos, neuronas y glías. Esto ha abierto posibilidades asombrosas de generar células para terapias de enfermedades humanas.

El Instituto SCIL es un proyecto conjunto de la Universidad de Lovaina y la Universidad de Minnesota de EEUU. Fue creado en 2005 con apoyo del Gobierno Flamenco, reconociendo el potencial de las células madre para el tratamiento de enfermedades genéticas, degenerativas, del sistema inmune y oncológicas. Su objetivo a corto plazo es desarrollar esfuerzos de investigación básica y translacional en la biología de desarrollo y de las células madre. Los objetivos a medio/largo plazo son trasladar la investigación anterior a terapias innovadoras basadas y derivadas de células madre que pueden ser implementadas mediante programas clínicos ya bien establecidos. El Instituto es liderado por la Profesora Catherine Verfaillie ayudado por el Profesor Marc Bogaerts.

(Foto KU Leuven: Profesora Catherine Verfaillie)
Catherine Verfaillie es una autoridad mundial en la investigación de células madre. Fundó en el año 2000 el Minneapolis Stem Cell Institute de EEUU, que ha adquirido una fama mundial. La Universidad de Lovaina, la Clínica Universitaria de Lovaina y el Gobierno Flamenco pudieron convencerla a finales de 2004, de volver a su Alma Mater, la KUL. Marc Bogaerts es profesor en la Clínica de la Universidad de Lovaina.

Según el SCIL, las enfermedades degenerativas aumentarán en frecuencia en las décadas que vienen debido al envejecimiento de la población. Teniendo en cuenta la necesidad de terapias innovadoras para estas enfermedades y el potencial existente en la Universidad Católica de Lovaina, se han identificado un número de áreas prioritarias, que ocuparan a los investigadores en varios departamentos y unidades diferentes de experimentación de la Universidad.

En una lección plenaria en 2003, titulada: "Las Células Madre, ¿fuente de la vida eterna?", el Profesor Marc Bogaerts dice: "Las células madre de embriones– obtenidas en el ser humano de embriones sobrantes de la fertilización in vitro – son realmente pluripotentes, es decir que pueden madurar en cada una de los 220 tipos de células que hay en el cuerpo humano. El uso clínico de células madre de embriones hace surgir en el hombre bastante reparos éticos (para algunos insuperables) y es por lo que se usan preferiblemente en experimentos de laboratorio. En la mayoría de los casos no se trata de células de embriones “frescas”, sino de las llamadas líneas de células madre, es decir células madre clonadas en el laboratorio, que, en culturas adaptadas, parece como si pueden seguir creciendo eternamente."

(Foto Wikipedia: Colonia de células madre de embrión)

Otro caso. Según leí también en el citado periódico De Standaard, en la Universidad Católica de Georgetown en EEUU, también se experimenta con células madre de embrión, pero para que no les quite el Vaticano el nombre de “Católico”, han puesto este centro de investigación oficialmente fuera de la universidad, pero sigue dependiendo de ella. Así, se ha salvado la cara de la Iglesia jerárquica. ¿No parece hipócrita?

Y en el mismo periódico decían que a la Universidad Católica de Nímega en Holanda, el Vaticano le quitó la facultad de teología para meterla directamente bajo la dirección de Roma.

¿Qué está pasando? ¿A dónde quiere ir la alte jerarquía de la Iglesia con rechazar sus universidades de prestigio? ¿Tiene la Curia Romana el monopolio de le ética católica? ¿Qué diría o haría Jesucristo hoy, en este mundo contemporáneo, muy cambiado en 2000 años? Con muchos más conocimientos que cuando Él pasó por Galilea enseñando con parábolas y profesando una ética entendible por el pueblo hebreo de aquellos tiempos remotos? ¿Seguirá la Iglesia institucional rigiéndose por doctrinas trasnochadas establecidas por ella misma, en lugar de intentar “meterse en la piel” de Jesucristo? Cuándo Jesucristo dijo “no matarás”: ¿incluyó los embriones sobrantes de la fertilización in vitro? ¿Es un embrión un ser humano “efectivo”, o un ser humano “en potencia”? ¿No permite la propia Iglesia excepciones usando el argumento del “mal menor”, p. ej. si hay que elegir entre sacrificar la vida de una madre o la del niño en su vientre? ¿No se trata ahora de elegir entre sacrificar embriones sobrantes de laboratorio y sacrificar seres humanos adultos que se podrían salvar? ¿Qué hacer ante el dilema “no hacer el mal” (no usar embriones) y “hacer el bien” (salvar vidas de personas adultas)?

¿Cuándo obtendremos una respuesta razonable y clara a nuestras preguntas?

Quizás sea al final la propia ciencia que resuelva el problema ético y se acaben las polémicas. Catherine Verfaillie ha descubierto células madre en el tuétano de los huesos de personas adultas (células MAP) que pueden desarrollarse de forma tan flexible que las células madre embrionales.

De todas formas, creo que Iñaki Azkuna tiene razón.